
Es necesaria la diversidad y el pluralismo, como en toda familia, pero estamos llamados a ser los instrumentos del amor fiel y reconciliador de Dios en un mundo marcado por tantas separaciones y alienaciones. Bautizados en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y profesando nuestra fe en Cristo crucificado y resucitado, somos un pueblo que pertenece a Cristo, pueblo llamado a ser el cuerpo de Cristo en y para el mundo. Por ello, Cristo oró por sus discípulos: que sean uno, para que el mundo crea.
Es necesario un gran respeto hacia los demás, hacia los dones de cada uno, sentir que todo es nuestro, que formamos un único cuerpo, tenemos que hacernos fuertes en el carisma que supera a todos, en el amor: amor a cada hombre que encontremos, solo el amor recíproco entre todos los miembros puede hacer que todos los miembros seamos un único cuerpo y que los cristianos seamos una única familia. Es lo que pedimos al Padre desde la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar: “muchos son los miembros, pero uno solo el cuerpo”.
Es necesario un gran respeto hacia los demás, hacia los dones de cada uno, sentir que todo es nuestro, que formamos un único cuerpo, tenemos que hacernos fuertes en el carisma que supera a todos, en el amor: amor a cada hombre que encontremos, solo el amor recíproco entre todos los miembros puede hacer que todos los miembros seamos un único cuerpo y que los cristianos seamos una única familia. Es lo que pedimos al Padre desde la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar: “muchos son los miembros, pero uno solo el cuerpo”.