CONOCER GRANADA EN FAMILIA: DEL MAUROR A LA ALMANZORA”.FAMILIAS NUEVAS

PASEOS POR GRANADA
Esta mañana hemos realizado nuestro sexto paseo por Granada, que como ya os habíamos anunciado, en esta ocasión por una bella zona poco conocida de nuestra ciudad. Con una puntualidad casi británica nos hemos saludo en la Plaza de Mariana Pineda, y después de presentarnos, hemos iniciado nuestro paseo hacia la Plaza del Padre Suárez.
 Después de admirar los cambios urbanístico de Gallego Burín en la plaza presidida por el imponente edificio de  la Casa de los Tiros y de conocer la historia de la «Garnata al-Yahud» (Granada de los judíos) nos hemos adentrado en el entramado de calles que forma el «Rabad Mawrur» o Mauror, al pie de las Torres Bermejas. Un verdadero laberinto, donde a cada paso nos íbamos sorprendiendo por la exuberante vegetación que se desbordaba por los cármenes, y que nos acompañaba haciendo aún más fresca y magnifica la mañana.

Si en toda esta zona impresionan las calles pequeñas, sus nombres, sus rincones, las pequeñas fuentes que nos vamos encontrando, todo se queda pequeño cuando al doblar una esquina salimos a la pequeña Placeta del Sol, que parece estar colgada como un balcón que se abre a la zona de Santo Domingo, la Carrera con el doble campanario de la Patrona y toda la vega al fondo; a la izquierda, como quién no quiere perderse parte del espectáculo se eleva imponente la torre de la Catedral, a la que hemos podido contemplar desde distintos puntos de nuestro paseo, como no queriéndose perder nada de él.

Algunos han tenido que seguir el paseo a distancia, pues las empinadas calles escalonadas en la mayoría del recorrido, lo hacía complicado para andar.

Vueltos al laberintico Realejo, y después de descender una pequeña calle, nos hemos encontrado con la cuesta de Gomérez, cerca de la Puerta de las Granadas, allí por un momento volvíamos a la Granada del siglo XXI, con sus prisas, carreras, tiendas, souvernirs… aunque ha sido por poco tiempo, pues a través de la Plaza de la Miga, nos hemos vuelto a meter, como en una máquina del tiempo, y retroceder a un paraje de magia donde la luz y el colorido volvía a sorprendernos, haciéndonos ver una vista del Albaicín que parecía pintada para nosotros esa misma mañana: el «Rabad al-Mansura», entre lo que hoy es la Cuesta de Gomérez y la calle Almanzora Alta. Hemos tratado de escudriñar los edificios que teníamos enfrente, tratando de descubrir cada campanario a que iglesia pertenecía. Si unos minutos antes estábamos en un bello balcón sobre el Realejo, ahora nos encontrábamos en un balcón sobre la Carrera del Darro, desde donde nos llegaba amortiguadas las voces de los que por ella paseaban aprovechando la cálida mañana de este domingo de noviembre.
Ha habido incluso ocasión de retroceder en nuestra memoria y recordar travesuras cuando con las pequeñas cañas, lanzábamos los huesos de las almecinas que “amablemente” nos ofrecían algunos árboles de la zona.
Una vez en Plaza Nueva apetecía sentarse un rato y recuperar las fuerzas del paseo. Después de pensar hacia donde ir, y no sin alguna incertidumbre previa, hemos terminado en la Carrera, no la del Darro sino en la del Genil, bueno, mejor dicho “en la de la Virgen”.


Ha sido una magnífica mañana de domingo que hemos aprovechado para contemplar la belleza de nuestra ciudad, aunque para haceros una confesión, si bello ha sido nuestro paseo, más bella aún ha sido la oportunidad de construir entre nosotros relaciones de familia, de encontrarnos y preocuparnos los unos de los otros, bellos destellos de esa otra familia a la que estamos llamados la humanidad a formar.

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