EL EVANGELIO Y LA FAMILIA.

Dejemos que Jesús, hecho Palabra, 
sea uno más de nuestra familia.

El Evangelio tendría que acompañarnos siempre, las Palabras de Jesús no pasan de moda sino que siguen siendo actuales y Jesús las sigue diciendo ahora a cada persona, en cada momento de la historia.

Y no es solo una invitación a vivirla la Palabra de Dios a nivel personal, eso solemos hacerlo, sino que es una propuesta a vivirla en familia, en grupo… y compartir las experiencias en familia. Porque cuando las vivimos y compartimos, sucede una cosa maravillosa: empezamos a pensar como pensaba Jesús, empezamos a amar como amaba Jesús, empezamos a ver todo como lo ve Jesús. El se hace cada vez más fuerte en nosotros y nosotros dejamos cada vez más de ser nosotros con nuestros defectos y pecados para ser más otro Jesús.
Podríamos, a igual que hicieron los apóstoles, volver a escribir los Evangelios, pero con nuestras vidas, si vivimos el Evangelio, porque no basta con conocer el Evangelio, hay que vivirlo, y animarnos a vivirlo contándonos como lo vivimos.
Contaba un día Chiara Lubich (fundadora del Movimiento de los Focolares), “como había entendido que había habido una persona en la tierra que había vivido el Evangelio entero, esta persona es María, la Madre de Jesús, porque había aprendido de su Hijo a hacer lo que Dios quiere en cada momento del día, y también ella había elegido, como si fuera el vestido más bonito que ponerse, como si dijéramos, había elegido el Evangelio como el único libro para leer y para vivir”.

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