EL PODER DE LA GRACIA

EL PODER DE LA GRACIA
Como tantos de vosotros, me siento contento y feliz por la elección del Papa Francisco. Cada día van siendo nuevos los signos, las palabras, los gestos… que descubrimos en y sobre su persona. Pero ha sido en el día de hoy, cuando ha sido “presentado oficialmente” a todo el mundo, cuando más me ha impresionado su sencillez, claridad y contundencia de vida.
Acepta que su responsabilidad como sucesor de Pedro conlleva una autoridad, un poder, pero de momento ha explicado que el verdadero poder está “en el servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz”. Esta frescura de pensamiento va acompañada de la vivencia del Evangelio. Su poder está “en acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente a los más pobres, los más débiles, los más pequeños”, y ¿no fue eso acaso lo que Jesús vivió en este mundo?, pues hemos de ir clarificándonos a nosotros mismos.
Si el Papa confiesa que “debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe… abriendo los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad…” nos está diciendo que todos sabemos el camino y que no podemos buscar otras pretensiones, que no podemos pensar sólo en nosotros. Que nuestra fe tiene una responsabilidad sobre el otro, que hemos de descubrir cómo custodiar, apoyar, alentar al otro, pero no con la “teoría” ¡no!, sino en el día a día y en cada circunstancia. Dándonos nosotros y aquello que nos cuesta. Bien sabemos que gratis lo hemos recibido y malos administradores seríamos si gratis no nos diésemos. A mí me sugieren sus reflexiones, la vida real de un verdadero pastor: alguien que ha gastado muchos pares de calzados, alguien que ha sudado muchas veces para llegar a los sitios, alguien que ha sentido la necesidad de Dios y de los hermanos. Un sacerdote que ha vivido entusiasmado con Dios y con los hombres que Él le ha ido ofreciendo para que custodie. Un obispo que ha vivido la ternura y la bondad como principio para encontrarse con el hombre. Un obispo que se ha sentido con la necesidad de vivir su fe en la calle, en el mundo, en el hombre. Un cardenal que ha gastado tiempo en acompañar, en ser cercano, en defender la justicia desde la fe, en procurar fortaleza para su pueblo, en ofrecer la esperanza que viene de la fe en Dios. Un Papa que se nos ha regalado como “agua de mayo”, que seguro vive el Evangelio para invitarnos a vivirlo, busca la presencia de Dios para contagiarnos esa necesidad, tendrá gestos de misericordia, amor, ternura, bondad, para que no nos cueste tanto a nosotros.
Ha tenido pinceladas para todos y especialmente podemos mirar a la familia a quien también ha iluminado, ofreciéndole esta máxima: “Preocuparse por todos, por cada uno, con amor”. Nos invita a cuidarnos mutuamente, a que se cuiden los cónyuges, a que los padres cuiden de sus hijos y a que sus hijos cuiden de sus padres, ¿no es eso vivir la familia?.
Señor Dios Padre, gracias por la Gracia que se desprende de ti, que nos ha visitado una vez más y se ha quedado en medio de tu Iglesia, en tu servidor Papa Francisco, sigue llenándolo de tu sabiduría, ternura y amor.
                                                                                                                             Antonio Luis Martín.

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