JORNADA DE LA FAMILIA 2012 EN GRANADA.

LA SANTÍSIMA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS, EN EL AÑO DEL CENTENARIO DE SU CORONACIÓN CANÓNICA,  ACOGE UN AÑO MÁS A LAS FAMILIAS DE LA DIÓCESIS DE GRANADA EN LA SOLEMNIDAD DE LA SAGRADA FAMILIA.
Sábado 29 de diciembre de 2012.

Sin caer en el sentimentalismo, no tenemos que deciros que es para un granadino ir a la ver a la Virgen, ir en familia a celebrar el día de la Sagrada Familia a la Casa de nuestra Madre de la Carrera; para nosotros, que además de ser granadinos, una familia, trabajamos en la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar ya os podéis hacer una idea de lo que supone.
Este año nos habían llegado los nombres de nueve matrimonios que celebraban sus 50 y 25 aniversarios de matrimonio. Había más que por diversas circunstancias sabíamos que no podían estar, pero nos habían hecho llegar sus saludos y su intención de estar en la Basílica aunque fuera en la distancia.
Este año nos habíamos propuesto prepararlo todo con antelación. Los cuadernillos de la Asamblea los teníamos casi dos semanas antes preparados, y los recuerdos para los matrimonios una semana antes ya estaban listos, solo tuvimos que preparar unos días antes los últimos que llegaron.
Por la mañana nos habíamos propuesto hacer “como el canguro”. Esa tarde teníamos unos protagonistas concretos: “las familias de Granada”; teníamos a los mejores aliados: la Familia de Nazaret; y teníamos el camino, la forma: el Amor al que unos días antes le habíamos cantado en familia. Para nosotros era como caminar por un rayo que nos conducía al amor. Sabíamos que teníamos toda una tarde por delante, pero sabíamos que sólo caminado por nuestro rayo que nos unía al Amor. En algún momento habría que dar saltos, lo sabíamos, saltos como el canguro, con las dos pies  a la vez, como hace el canguro, para pasar por encima de juicios, objeciones, mal entendidos… por encima de todo lo que no iba a ser amor. Eso nos propusimos nosotros, y sin decirlo expresamente, animar a todos con los que de una forma u otra entráramos en contacto: “Era nuestra fiesta, la fiesta de las familias, la tarde tenía que ser una alegría para cada familia, para cada persona; queríamos en el día de la Sagrada Familia ser “una alegría para Dios”
 
El altar se nos quedó pequeño, por las familias que querían renovar de manera especial sus promesas matrimoniales en sus 25 ó 50 aniversarios de boda ¡¡Realmente para dar gracias a Dios por tanta fidelidad!! De 50 años: “Manolo y Pilar, Antonio y Herminia, Aniceto y Francisca, Antonio y María Godoy y José Luis y Carmen” y de 25 años: “Rafael e Inmaculada, Federico y María Ángeles, José Alfonso y Ana y Pepe y Pilar; al terminar la Eucaristía en el Camarín nos encontramos con otra pareja que celebraban su 25 aniversario de matrimonio”, seguro que en el templo habría más un matrimonio que por cortedad no subieron al altar a celebrar sus 25 o 50 aniversario de matrimonio.
La Eucaristía fue presidida por D. Javier, nuestro Arzobispo, estaban también presentes D. Manuel Reyes, y D. Blas Gordo Vicarios Generales y D. Antonio Luis Martín, nuevo consiliario de la Delegación de Pastoral Familiar. Concelebraron también D. Manuel García, D. Alfonso Marín, Don Daniel García y otros sacerdotes de los que ahora mismo no tenemos los nombres. Los cantos a cargo de la Escolanía de la Virgen, a los que como siempre agradecemos por su generosidad a la hora de participar y solemnizar la celebración.
Puede quedar un poco larga la entrada pero no podemos olvidar a los Movimientos Familiares de nuestra Diócesis, verdaderas almas de la Delegación: el Movimiento Familiar Cristiano, los Equipos de Nuestra Señora, las Familias de Don Bosco, las de la Institución Teresiana, Familias Nuevas de los Focolares, los Hogares Nuevos, las familias de Famisión y la Familia Albertiana, además de otros movimientos generalistas y muchas personas que cada vez se acercan a la Delegación con el deseo de colaborar y participar en las actividades programadas.
De la tarde; una idea que se hace propósito en el alma, una realidad, un deseo y un gran agradecimiento.
Una idea: de la homilía de D. Javier nos quedaba en el alma “la necesidad de pedir al Señor la conversión”, tenemos que convertir a Cristo toda nuestra persona “Él tiene que ver con todas las facetas humanas” nada queda indiferente al proyecto de Dios. Nos animaba a ver la necesidad de una renovación de nuestras comunidades cristianas: “tenemos que mirar a todo ser humano como imagen de Dios; mirar a Dios, reconocer a Dios en aquel que tengo delante”. La situación es muy complicada, muy difícil, no es solo una crisis económica; es una ambiente que degrada a la persona y a la familia; muchos cristianos, muchas familias cristianas no son conscientes de esta realidad, muchos ambientes sociales, familiares y eclesiales. Necesitamos la conversión, la renovación de nuestras familias y comunidades, mostrar la belleza de Dios a los jóvenes que se casan, realidades donde puedan crecer y conocer un modo distinto de vivir al que la sociedad les ofrece. Comunidades donde se vida la fe, se intercambie la vida, que muestren  que hay otra manera de vivir, de verla vida. Nos parecía un verdadero reto para todos los que trabajamos por la familia, un reto para este nuevo periodo que comienza en la Delegación con la presencia de D. Antonio Luis.
 
Una realidad: La belleza de la familia iluminada por Jesús, la fuerza del Amor de Dios en la familia en cada una de las parejas que esa tarde eran las protagonistas. D. Javier hablaba de milagros, milagros de 25 años de vida en común, milagros de 50 años. Que testimonios de fidelidad, de amor, de entrega, de sacrificio, de humidad, de sencillez, de energía, de fuerza, de seguridad, de amor (tenemos que repetirnos), de disponibilidad. Hubo muchos momentos sagrados esa tarde, uno fue en el Camarín de la Santísima Virgen realmente veías milagros de amor, como poco antes D. Javier los había definido.
Un deseo: Que esta fiesta sea de verdad de la familia, que todos se puedan sentir en “su casa”, es la familia que se reúne en familia para celebrar la fiesta de la Familia. Para los más pequeños es una ceremonia larga; hay que estar de pie porque falta espacio, pensando sobre todo en las personas mayores… Deseamos, pedimos la gracia de ser rostros significativos del Evangelio, de ser buena noticias para los que se acerquen a nosotros, se encuentren como en “casa”
Y un agradecimiento: primero a Dios, como nunca nos sentimos hijos, como nunca lo sentimos Padre, como nunca nos sentimos familia. Agradecer a Dios por los sacerdotes, por haber pensado en ellos, que son vida para las familias. Lo hacen presente entre nosotros, nos acercan a Él. Queremos sentirnos familia con ellos, sentirlos de nuestras familias, que nuestras familias sean de verdad como aquella que vivió en la Casita de Nazaret.

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