JUAN PABLO II, EL PAPA DE LA FAMILIA Y DE LA VIDA. 6/11

6. Hay que apoyar el matrimonio y la familia
Stanislaw Dziwisz
Juan Pablo Ir siempre apoyó todas las iniciativas de Movimientos y medios de formación dirigidos a la familia. Con frecuencia hacía visitas a los lugares y en las ocasiones en las estas iniciativas se llevaban a término, sobre todo durante la vacaciones. Participaba en las peregrinaciones organizadas para las familias. Eran famosas sus homilías dirigida a las madres o padres que acudían en peregrinación a Santuarios, por ejemplo en los Santuarios polacos de Jasna Góra, Kalwaria Zabrzydowska y Piekary Sl~kie. En este último cada año le escuchaban una gran multitud de hombre y muchachos jóvenes. Karol Wojtyla siempre animó a que en cada parroquia se organizaran consultorios para las familias y, concretamente, consultorios especiales para ayuda en el terreno psicológico y pedagógico.
En el caso del Cardenal Wojtyla nunca este asunto se terminaba en lo hablado o aconsejado como posibles iniciativas. Juntamente con todo ello se preocupó de preparar trabajos y compendios sobre la teología de la familia. Todo ello constituiría la base científica de las prácticas pastorales. Gracias al obispo Wojtyla dió comienzo el «Instituto para la Familia» (1960), que con el tiempo se transforma en autónomo, como «Studium» dentro de la Universidad Pontificia de Teología en Cracovia, abierto a alumnos de todo tipo: laicos, sacerdotes y religiosos. De forma similar Juan Pablo II apoyo el desarrollo de la Academia Pontificia «Pro vita».
Desde el principio de su pontificado, comenzó a poner en marcha el Pontificio Consejo para la familia. Tenía mucho interés en ello. Vale la pena recordar en este momento que el modo propio «Familia a Deo instituta», por el que se erigía este Consejo Pontificio, debería haber sido hecho público durante la audiencia del 13 de mayo de 1981, es decir el día del atentado a su persona en la plaza de San Pedro. ¿No es esto una señal clara de que el Consejo para la Familia era algo de Dios? El verdadero bien nace con dolor, es fruto de grandes sacrificios.

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