PALABRA DE VIDA DE ABRIL DE 2010

PALABRA DE VIDA DE ABRIL DE 2010

«Yo soy la resurrección y la vida». (Jn 11, 25)

Jesús pronunció estas palabras con ocasión de la muerte de Lázaro de Betania, a quien Él resucitó al cuarto día.
Lázaro tenía dos hermanas: Marta y María.
En cuanto Marta supo que llegaba Jesús, corrió a su encuentro y le dijo: «¡Señor, si tú hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto!». Jesús le respondió: «Tu hermano resucitará». Marta replicó: «Sé que resucitará el último día». Y Jesús añade: «Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; todo el que vive y cree en mí, no morirá en eterno».

«Yo soy la resurrección y la vida».

Jesús quiere que se entienda quién es Él para el hombre. Jesús posee el bien más precioso que se puede desear: la Vida, esa Vida que no muere.
Si has leído el Evangelio de S. Juan, habrás encontrado que Jesús dijo también: «Como el Padre tiene la vida en sí mismo, también le concedió al Hijo el tenerla».
Y ya que Jesús tiene la Vida, la puede comunicar.

«Yo soy la resurrección y la vida».

Marta también cree en la resurrección final: «Sé que resucitará el último día».
Pero con su maravillosa afirmación «Yo soy la resurrección y la vida», Jesús quiere que entienda que no tiene que aguardar al futuro para tener esperanza en la resurrección de los muertos. Ya ahora en el presente, Él es para todos los creyentes esa Vida divina, inefable, eterna, que no morirá jamás.
Si Jesús está en ellos, si Él está en ti, no morirás. En el creyente esta Vida es de la misma naturaleza que Jesús resucitado y por lo tanto es muy distinta de la condición humana en la que se encuentra.
Y esta Vida extraordinaria, que ya existe también en ti, se manifestará plenamente el último día, cuando participes con todo tu ser en la resurrección futura.

«Yo soy la resurrección y la vida».

Sin duda, con estas palabras Jesús no niega la existencia de la muerte física, pero ésta no conllevará la pérdida de la Vida verdadera. La muerte seguirá siendo para ti, como para todos, una experiencia única, fortísima y quizás temida, pero ya no significará el sinsentido de una existencia, ya no será un absurdo, el fracaso de la vida, tu final. La muerte para ti ya no será realmente una muerte.

«Yo soy la resurrección y la vida».

¿Y cuándo nació en ti esta Vida que no muere?

En el bautismo. En aquel momento, no obstante tu condición de persona que tiene que morir, Cristo te dio la Vida inmortal. De hecho, en el bautismo recibiste el Espíritu Santo, que es quien resucitó a Jesús.

Una condición para recibir este sacramento es tu fe, que profesaste a través de tus padrinos. En el episodio de la resurrección de Lázaro, hablándole a Marta, Jesús precisó: «El que cree en mí, aunque muera, vivirá». (…) «¿Crees tú esto?».

Aquí, «creer» es algo muy serio, muy importante. No sólo implica aceptar las verdades anunciadas por Jesús, sino el adherirte a ellas con todo tu ser.

Por lo tanto, para tener esta Vida tienes que decirle tu sí a Cristo. Y esto significa adherir a sus palabras, a sus mandatos; vivirlos. Jesús lo confirmó: «El que acepta mi mensaje, jamás morirá». Y las enseñanzas de Jesús están resumidas en el amor.
Por lo tanto, tienes que estar feliz: ¡la Vida está en ti!

«Yo soy la resurrección y la vida».

En este período en el que nos preparamos para la celebración de la Pascua, ayudémonos a dar un golpe de timón, que siempre hay que renovar, hacia la muerte de nuestro yo para que Cristo, el Resucitado, viva desde ahora en nosotros.

Chiara Lubich

Para consultar Palabras de Vida anteriores o las ediciones para los más jóvenes y los más pequeños de la casa, adaptadas para ellos, podéis encontrarlas en: Ciudad Nueva / Palabras de Vida.

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